¿Cuál es la principal característica de ser español? ¿En que consiste, si es tangible, el conocido ardor hispano? Y, más difícil todavía, ¿se puede aprender o existe algún gen no descubierto que dota de españolidad al que lo posee?
A todas estas preguntas pretendemos responder desde el que las ha vivido, sin serlo. Intentar hacerse pasar por español ha sido siempre labor ardua para los rubios de piel muy pálida, caso del que esto escribe. Primera conclusión: para poseer el conocido orgullo patrio uno debe ser moreno, tanto de piel como de pelo, y preferentemente hombre (como mucho, una mujer con mucho pelo). Preferentemente se debe tener el oficio de camionero, taxista mecánico o albañil, y estar entre los cuarenta y los setenta (edad a la que se empieza a chochear). En caso contrario, y aunque se posean unos genes que pueden llegar a los Reyes Católicos por línea directa, uno quedará encuadrado en la categoría de guiri, chino o negro, excepción hecha de los sudacas, especie de medio españoles que tampoco gozan de mucho reconocimiento. Otra de las señales congénitas es la escasa altura, de forma que el héroe español tiene por obligación no sobrepasar el metro sesenta y cinco. Las nuevas generaciones, de una altura superior, están por tanto, amariconadas, americanizadas, o cosas aun peores.
Para ser un buen español es imprescindible saber hacer tertulia: esto es, una conversación a voz en grito en una tasca cutre, a las que se debe dedicar al menos una hora por la mañana con el café y el carajillo (elementos imprescindibles) y otra por la tarde, preferentemente con el anisete o el orujo, y siempre fumando puros baratos. En estas conversaciones sólo se permiten (bajo amenaza de descalificación) tres temas de conversación: el fútbol, el gobierno y los toros.
El buen español debe saber de furgol: Esto es, debe ser capaz de poner a parir a todos los jugadores de los equipos rivales y criticar al entrenador, de ser feliz si se gana en el último minuto de penalti injusto aunque el resto del partido no valga un pimiento. A este quehacer tertuliano deben dedicarse, ineludiblemente, todos los cafés del lunes y las tardes de los domingos. Regla importante: NADA es más importante que el furgol: Dedicar cualquier tarde en la que haya partido a otra cosa que no sea vivirlo (esto es, sentarse delante del televisor a criticar al arbitro y poner a parir a los jugadores rivales) descalifica inmediatamente al candidato al orgullo de ser español al no poder seguir la tertulia del día siguiente. El segundo tema de conversación aceptado son los toros. Este tiene muchas menos exigencias: no hace falta haber ido a una sola corrida en la vida, lo único importante es serle fiel a un maestro, y comentar su clara superioridad sobre el resto, aunque no se le haya visto torear jamás. El tercero es el gobierno (sea este nacional, municipal o de la comunidad de vecinos). Todo español que se precie debe considerar a todos los políticos (incluso a los que vota) como ladrones, avariciosos y gente de mal vivir en general. El hecho de que esta crítica esté o no justificada no tiene importancia: se trata de un principio de base. Además, se debe tener en cuenta que el Gobierno es siempre responsable de todo lo que acontezca, desde la aparición de una rata a la quema de un bosque.
Dado que ha seguido el curso de hispanidad hasta aquí, deberemos empezar a poner las cosas un poco más difíciles...
Para ser un buen español, es imprescindible ser el dueño del mando de la televisión en el hogar. En caso contrario, uno no sería “el que lleva los pantalones en casa”, y sería objeto de burla en la tertulia mañanera. A nuestro héroe “nadie le toca los cojones”, o en su defecto esto no se puede reconocer jamás.
Se deben saber decir piropos (a razón de siete o ocho a la hora) y tacos (misma proporción al minuto). Ambos van destinados a reafirmar la masculinidad del que los dice, y ese es el efecto que consiguen entre los que les rodean. Las referencias constantes a la madre del interlocutor son el único medio de tener éxito en las discusiones aceptable para un español de pro. Si se está conduciendo, las cantidades anteriores deben ser multiplicadas por seis, siendo los destinatarios el resto de conductores/as, según el caso. Se deben incumplir las normas de tráfico con frecuencia, ya que no están hechas para alguien tan diestro como nuestro héroe.
Es imprescindible declararse de religión católica, aunque esto no implica una participación activa en misa los domingos o rezar con frecuencia. La catolicidad se demuestra únicamente por dos vías: Una boda “como Dios manda” (esto es, por la Iglesia) o comprando imágenes de la virgen del Carmen, la Macarena o alguna otra virgen, ya sea en forma de estampita para el coche o collar de oro contrachapado con medallita.
Es obligatorio haber tenido una infancia difícil, y referirse a ella constantemente. La veracidad es innecesaria, ya que su objeto es el de poder contarlo, para demostrar su superioridad sobre la juventud actual. De esta forma, el “cuando yo era joven” sirve lo mismo para negar el aumento de la paga semanal al hijo que para relatar historias de duros trabajos de sol a sol en la tertulia, en los raros casos donde este tipo de licencias se permiten. Cuando se alcanzan estos límites, también deben poseerse unas cuantas historias de la mili que demuestren hombría o burdamente graciosas.
A la hora de la comida, se debe comer siempre con vino. Las marcas más hispanas son aquellas que vienen en envase Tetra-brik, como Don Simón, y en menor medida, Cumbres de Gredos. La cuchara debe cogerse con todos los dedos de la mano, para que quede bien ajustada. Cualquier otra forma de cogerla se considera amariconada. A los postres, se debe solicitar siempre un palillo, hurgarse con él los dientes y tirarlo al suelo. Posteriormente, es conveniente, aunque no obligatorio, eructar ruidosamente. Cumplidos estos requisitos, se debe encender un puro lo más apestoso posible, de forma que al resto de los comensales del lugar les resulte imposible comer: de esta forma, se demuestra su superioridad sobre ellos.
En las vacaciones es donde el buen español se muestra más a sus anchas. Dos son los únicos destinos posibles: Una playa siempre en el mediterráneo y necesariamente masificada (los destinos posibles son pocos: Benidorm y San Juan en Alicante, Cullera en Valencia, Benicassim en Castellón y pocos más) o al pueblo de donde se es originario. En ambos casos, la vestimenta ha de ser la misma: Gorrito blanco para evitar la insolación, ausencia de camiseta para lucir la pelambrera pectoral y pantalones cortos o bañador (que queda prohibido utilizar para bañarse). De esta forma, tras largas horas al sol se consigue ennegrecer la piel, y esta es una muestra inequívoca ante los tertulianos de lo mucho que se han disfrutado las vacaciones. En el trayecto se debe parar a comer en un bar de carretera lo más cutre posible y pedir siempre el menú del día. Nota importante: para poder irse de vacaciones se debe estar pasado de kilos, ya que se demuestra opulencia a cualquier observador.
Tras este riguroso examen, usted ya sabrá si es o no un español como Dios manda o no. Si no lo es, déjese de mariconadas y siga fielmente las instrucciones contenidas en este decálogo. Si, por el contrario, ha ido pasando una por una todas las pruebas que aquí se enumeran, se encuentra identificado en cada uno de los apartados y está usted pensando que “que cojones quiere decir el título este tan raro que le han puesto a esto”, usted es nuestro hombre: Sepa que pertenece a una raza distinta, superior, que se diferencia del resto en su prestancia, en su saber estar, en su forma de vivir. No ceje en su empeño, manténgase firme: Es usted uno de los pocos supervivientes de una especie en extinción.
miércoles, 30 de enero de 2008
Con permiso...
Este blog existe como terapia contra mi verborrea. En definitiva, para que, como dice un amigo mío, pueda elegir informarse de las cosas de las que cuento que le interesan, y no de absolutamente todas, que es lo que le ocurre ahora...
Y ya aprovechando, pues para un poquito de todo :-D. Con un poquito de suerte, alguna cosa habrá que os guste...
Y ya aprovechando, pues para un poquito de todo :-D. Con un poquito de suerte, alguna cosa habrá que os guste...
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