martes, 19 de mayo de 2009

En mi barrio, hay más iglesias que pescaderías

Esto es así, simplemente un hecho. De esta realidad se da cuenta uno con un simple paseo.

Durante el cual, defecto de fábrica de economista, se te ocurre que la pescadería (que ocupa un bajo) debe ser más barata de mantener que la iglesia (que ocupa un edificio de muchas plantas, cuanto polvo por limpiar...)

Y te da por pensar en la cantidad de público que necesitan una y otra para sobrevivir. Y siempre hay cola en la pescadería, mientras en las iglesias se respira una gran paz... ausente de público.

Y así, sigues pensando hasta que ves la luz (ejem) con la estructura de costes: en una iglesia, puesto el establecimiento y el vendedor, todo lo que se recauda es beneficio (el pescado que se vende tiene coste cero): todo son costes fijos. Y ahora, imaginemos que una buena parte de esos costes fijos (los impuestos) estén intensamente subvencionados (la iglesia no paga casi)...

Dicen los médicos que de las cosas más sanas que podemos hacer es comer pescado. Sin embargo, nuestras autoridades piensan que mejor es subvencionar nuestras inversiones en alma. Pero es que yo soy muy pecador, y prefiero que me salven el cuerpo al alma... y por tanto, que subvencionemos las pescaderías en vez de las iglesias.


2 comentarios:

belenmadrid dijo...

tú, has venido a la orilla..

Jorge dijo...

De ahí precisamente la analogía: Jesucristo se llevó a los pescadores... y nos dejó sin pescado frescue :-D